miércoles, 21 de diciembre de 2011

Desdén de lo propio

Suelo comentar que marchar de Huesca por unos días supone llevarse un chasco al retornar. Al regreso se me apodera la situación de que sigue siendo la ciudad varada de la que habló Luis Lles en gloriosa ocasión, que la ciudad ha perdido los años de las alegrías recaudatorias disipando sus ingresos en vacuas magnificencias y no ha superado los viejos vicios de la modernez, de manera que sigue huyendo de su centro histórico.
No, el oscense no es un ser obliguista. Si lo fuera, si tuviera orgullo ciudadano, una miaja de fateza de verdad, no hubiera dejado perder el sabor su centro histórico en favor de unas insípidas afueras.
Esta particular visión está injustamente vicidiada por el juicio severo que muchas veces procuramos a lo que más queremos y de la falta de perspectiva de da una duradera distancia que nos ayude a conocer de verdad otros lares y concluir que no formamos una comunidad peor que otras.
Recién tuve el placer de una conversación telefónica con el presidente de la delegación territorial del Colegio de Arquitectos. Hubiera resultado sin duda todavía más enriquecedora la minientrevista con Ángel Crespo Yagüe ante un café, por ejemplo. Pero resultó reveladora.
Es este gremio, el de los arquitectos, uno de los de más cuidada expresión. Me gusta cuando hablan con organicistas expresiones de los inanimado, cuando se refieren con prosopopeya al urbanismo y a los edificios.
Le pregunté a mi interlocutor si, como pienso, Huesca es una ciudad especialmente desdeñosa con su patrimonio. Lo pienso cuando día sí, día también, me topo con el Coso Bajo cariado en solares como los del Luces de Bohemia o Casa Vilas; cuando se magnifican debates que debería estar cerrados ya, como el de la peatonalización por un conservadurismo mortal para nuestro presente y nuestro futuro; o cuando atiendo las dificultades para mantener un patrimonio ya capitidisminuido por desamortizaciones, molicie y displicencias.
Me respondió que no lo cree. Que la ciudad es un término medio en muchas cosas (y tanto que sí, para lo bueno y para lo malo, concluyo) y que no estamos peor que en otros sitios.
Es para animarse, aunque sigo pensando que en cualquier lugar con menos valores urbanos y artísticos sacan más partido a lo poco que atesoran.
Algo tendrá esta ciudad -tanto de convencerme- para haber sobrevivido 2.000 años con bien escasos recursos naturales, sin un río digno de su nombre, azotada por un clima de extremos y ensimismada siempre, discutiéndose a sí misma y sobre sí misma.

Postdata de Post: La foto, del archivo del diario, fue tomada en 2006. Correponde al Coso Bajo 6, ya abocado a la ruina por interés especulativo y por desidia consistorial.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada